COP 25: ¿Dónde estamos ahora?

Publicado 18th diciembre 2019 por Roman De Rafael
Summary of COP 25 and what it means for climate change

La COP25 ha finalizado con un sentimiento de decepción. Fue imposible lograr un consenso entre los países para finalizar las reglas de operación del Acuerdo de París y asegurar que esté operativo para 2020.

Pero, ¿qué ha pasado y qué ha significado para la crisis climática?

Gobernanza climática multilateral imposible de establecer para 2020

Esta vigesimoquinta conferencia fracasó en varios asuntos importantes de negociación, reflejando así las profundas diferencias entre los Estados que hacen imposible llegar a una decisión unánime. Tres temas fueron particularmente divisivos:

  1. El primer desafío consistía en elevar las ambiciones climáticas de los países, hacer mayores compromisos en función de la crisis que enfrentamos. Esto se ha dejado de lado en gran medida debido a la sentencia predominante: todos los estados deben presentar una revisión de sus compromisos para la COP26 en 2020. Sin embargo, si nos regimos por el nivel actual de las promesas climáticas, dentro de una década, el objetivo del Acuerdo de París ya no será alcanzable.
  2. El segundo desafío fue finalizar las bases de la cooperación internacional para combatir el cambio climático. El objetivo era establecer las reglas para nuevos mecanismos internacionales de cooperación para financiar y transferir reducciones de emisiones de GEI. A pesar de contar con textos casi completos el sábado, los negociadores no llegaron a ningún acuerdo, ya que fueron bloqueados por Brasil y Australia. De hecho, aunque estos textos no eran muy ambiciosos (por ejemplo, no mencionaban los derechos humanos para el gran disgusto de las ONGs), sentaron las bases esenciales para los mecanismos de cooperación con la definición de elementos centrales como el doble conteo, la mitigación global en el marco de las emisiones, el establecimiento de un impuesto para la adaptación, el funcionamiento técnico del proceso MRV (monitoreo, reporte y verificación) y la gobernanza. Pero, por desgracia, siguen sin ser operativos.
  3. La tercera cuestión principal de esta COP ha sido la financiación y, en particular, la de los países más vulnerables (Daños y Pérdidas). La COP debía decidir sobre dos elementos. Primero, en la COP de Copenhague, los Estados se comprometieron a financiar el Fondo Verde para el Clima (GCF) por una suma de más de 100 mil millones de dólares por año para 2020. La pregunta era ¿cómo recaudar la financiación necesaria y cómo asegurarla a largo plazo? La COP no ha tomado ninguna decisión precisa sobre el tema, lo que puede dar lugar a una potencial crisis de confianza si la promesa de Copenhague no se cumple para 2020.

Las negociaciones fueron muy difíciles con algunos estados liderados por gobiernos ultraconservadores, haciendo que la COP se alargara más de lo previsto y se convirtiera en la COP más larga hasta la fecha. Estados Unidos (que dejará el Acuerdo de París), Australia y Brasil, trataron de reducir el alcance de los textos e introducir cláusulas que pondrían en peligro la integridad ambiental de las herramientas diseñadas. Brasil, por ejemplo, solicitó la posibilidad de contar dos veces una unidad de CO2e reducido en virtud de los instrumentos del Artículo 6. Por otro lado, los principales países en desarrollo, como India y China, se han escondido detrás del discurso habitual de que los países históricamente emisores y más ricos deberían dar el ejemplo, y por lo tanto no han sido la fuerza impulsora.

¡Algunas buenas noticias!

Sí que hubo logros importantes en la COP25: la implementación de un Plan de Acción de Género a nivel global que se centrará en la difusión e integración sistemática de las cuestiones de género en las políticas climáticas. Además, esta «COP azul» destacó la importancia vital de los océanos para el equilibrio global, lo que llevó a una declaración final que pide una mejor consideración del océano y la biodiversidad para facilitar el diálogo sobre el océano y el cambio climático, por un lado y sobre la tierra y adaptación al cambio climático por otro. Esto es de gran relevancia para COP26.

Tomar las riendas: Los Principios de San José.

En respuesta a la dinámica mediocre y la desconexión completa de la emergencia climática, un grupo de países acordaron un conjunto de principios, conocidos como los «Principios de San José para la alta ambición e integridad de los mercados internacionales de carbono», que asientan la base sobre la cual se debe construir un mercado de carbono robusto. Estos principios fueron preparados por Costa Rica, que los hizo circular en un intento de obtener el mayor apoyo. El apoyo provino de una treintena de países de la UE y América Latina.

Queda ahora por ver cómo estos ambiciosos principios, destinados a impulsar las negociaciones en la COP 25, se pueden llevar a la práctica y si servirán de palanca para lograr el consenso en la próxima COP26. La agenda de trabajo técnico y político para estos principios durante 2020 será clave.

¿Qué pasará a partir de ahora?

La llamada de emergencia ha sido repetida por la sociedad civil (ONGs y empresas) durante esta COP, particularmente a la luz del consenso científico actual. Nos quedan sólo 10 años para tener la oportunidad de limitar el calentamiento global a 1,5 ° C. El único escenario que lo hace posible es una reducción de un -7,6% de las emisiones globales de GEI cada año entre 2020 y 2030, y alcanzar las emisiones netas cero para 2050 (Informe de brecha de emisiones, PNUMA 2019)

Esto hace que la falta de progreso en la COP 25 sea aún más decepcionante y preocupante. Afortunadamente, la política climática se lleva a cabo en todos los frentes y en varios niveles de toma de decisiones: desde el individuo hasta los estados nacionales, desde las autoridades locales hasta las empresas. Los eventos paralelos de la COP, que siguen siendo un foro esencial de la sociedad civil para transmitir mensajes sobre la acción climática, continúan demostrando la presencia de la ambición en todos estos niveles.

Entre las iniciativas clave de esta COP25, 73 países (los países más pobres del mundo y miembros de la UE, incluidos Francia, Gran Bretaña y España), 398 ciudades (incluidas muchas ciudades de los Estados Unidos como Nueva York, Miami, etc.), 14 regiones (incluyendo California, Escocia y Cataluña), así como 786 compañías de la Alianza Climate Ambition se han comprometido a aumentar sus ambiciones climáticas y lograr cero emisiones netas de CO2 para 2050.

Otro punto destacado fue la comunicación del Pacto Verde de la Unión Europea por parte de su nuevo presidente el 11 de diciembre, y el acuerdo del Consejo Europeo de todos los Estados miembros (excepto Polonia, cuyo mix de electricidad todavía se basa en gran medida en el carbón) sobre la ambición de la neutralidad climática en 2050, respaldado por un plan de financiación de 1.000 millones de euros durante 10 años. Uno de los elementos clave de este Pacto Verde de la UE es la posible introducción de un impuesto fronterizo al carbono sobre los productos importados, lo cual estará en la agenda de la Cumbre del Clima UE-China en septiembre de 2020.

Al final, en este contexto de negociaciones climáticas internacionales estancadas, la acción climática en todas sus dimensiones (política, financiera, tecnológica, social, etc.) se construirá en los próximos años a través de un enfoque voluntario, a todas las escalas, basado en el desarrollo de asociaciones, coaliciones y otras alianzas de actores voluntarios para comprometerse a cero emisiones netas.

Seguimos adelante, es tiempo de actuar.

Como esperado, Greta Thunberg declaró en la conferencia que «la esperanza no vendrá de los gobiernos sino de la gente». Después de esta COP, parece que el liderazgo internacional no está brindando esperanza. Sin embargo, podemos encontrarla en la cooperación regional y en las coaliciones que se están forjando para continuar abordando la emergencia climática de forma independiente. 

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